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La matanza de los inocentes Reflexiones a propósito de día del Niño por nacer
Por: Dr. Alberto Peña(*)
Los organismos internacionales estiman que cada año cincuenta millones de niños no llegan a ver la luz por causa del aborto; de ellos, la mitad perecen bajo el amparo de las leyes abortivas. El aborto en el mundo causa hoy, en un año, casi tantas víctimas como la II Guerra Mundial. Unas veinte mil mujeres pueden fallecer en el mundo por las consecuencias negativas que para la salud de la madre se derivan del aborto
En nuestro país, el pasado febrero se puso en vigencia un protocolo de “aborto terapéutico”, que contempla el aborto en 17 cuadros clínicos o enfermedades de la gestante, y que en definitiva abre las puertas para la legalización del aborto.
Con motivo del Día del Niño por Nacer, que desde hace cinco años celebramos cada 25 de marzo en el Perú y, precisamente en estos tiempos, en que, una cultura de muerte pretende avasallarnos, cabe tener un espacio para reflexionar responsablemente sobre la verdad del inicio de la vida.
El inicio de la vida
El origen de cada hombre, el comienzo de la vida humana, el momento de la constitución de esa perfecta unidad de materia-espíritu que es el hombre, sucede en el mismo instante de la fecundación. La generación de los padres junto a la acción creadora de Dios (creación inmediata del alma), confiere a la materia generada por los padres la condición humana y la dignidad de criatura querida por sí misma, por parte de Dios.
Se es ser humano cuando las características genéticas indican pertenencia a la especie humana, con absoluta independencia de que se tenga o no se tenga nunca, la posibilidad de actuar como persona. Solo tiene potencia de ser humano la disposición de la materia que resulta del engendrar de los hombres.
El embrión humano caminará cinco días para llegar hasta el lugar preparado en el útero materno para implantarse. En el día seis comienza a implantarse y hasta el día catorce, en que completa este proceso de anidación, el embrión va desarrollando su cuerpo, según el diseño preciso de los ejes corporales establecidos ya en su primer día de vida. Y así el día quince el embrión, embebido en el seno materno, tiene ya el plano corporal completo: cabeza, pies, corazón, etc. En los quince primeros días ocurren los hitos más importantes de la configuración corporal.
De la anticoncepción al aborto
Malcolm Potts, exdirector del Intenational Parenthoood Federation asegura que “a medida que las personas adoptan métodos contraceptivos, aumenta el número de abortos”. El camino para aceptar el aborto es la anticoncepción. Como los métodos fallan con frecuencia, es más fácil buscar el aborto. La contracepción, lejos de eliminar el aborto le abre las puertas. Los países donde el aborto se ha legalizado, éste ha aumentado progresivamente, y se incrementaron además los abortos clandestinos
Los que fabrican y venden los anticonceptivos se cuidan muy bien de no informar a las mujeres toda la verdad sobre su uso. No se les dice que la “pastilla del día siguiente” puede matar el embrión. No les dicen que las pastillas “anticonceptivas” o el DIU no siempre evitan la concepción y que indisponen el útero de la mujer para que la anidación del embrión sea inviable.
Los promotores la muerte de estos seres indefensos buscan justificar lo injustificable. Cambiar el significado de las palabras es una de sus mejores armas: “interrupción del embarazo” eufemismo para que parezca una práctica médica inocua, en vez de “matar a un hijo”; “aborto terapéutico”, término que simula ser el remedio de una enfermedad de la madre; “aborto eugenésico” suena mejor que “liquidar a un ser” que quizá no sobreviva o será defectuoso para toda la vida. Se promueve también una confusión arbitraria entre fecundación o implantación. Lo cierto es que no se ha podido ocultar lo irrebatible: la vida inicia con la fecundación o concepción.
Las consecuencias del aborto
La legalización del aborto ha sido considerada como un paso adelante en el reconocimiento de los derechos de la mujer. No obstante un estudio realizado en Finlandia, recientemente publicado por el "Elliot Institute" en el “Post Abortion Review”, demuestra que el aborto es más peligroso para la salud de la mujer que la opción de seguir con el embarazo hasta el nacimiento del niño, y trae consigo mayor mortalidad, mayor número de suicidios, y un gran número de trastornos psicológicos.
El Dr. Nathanson se dio cuenta de que la mujer que se sometía a este procedimiento, pasado el tiempo, presentaba síntomas no sólo en su aspecto físico (cefalea, gastralgia, etc.), sino también en su aspecto emocional (insomnio, crisis de angustia, crisis depresivas, abuso de alcohol, dispareunia, frigidez, anorgasmia, etc.). La mujer que aborta no sólo elimina una vida inocente, sino también parte de sí misma, pues atenta contra su propia naturaleza, de mujer potencialmente dotada para cuidar de sus hijos.
Ya nos advertía Teresa de Calcuta que una de los mayores destructores de la paz era el aborto, pues significaba una guerra contra los niños inocentes, asesinados por sus propios padres. “¿Si aceptamos que una madre puede matar a su propio hijo, cómo podemos decirle a otras gentes que no se maten unos a otros? (…) Cualquier país que acepte el aborto no está enseñando a amar a su gente, sino a usar la violencia”.
No existe ningún argumento científico ni moral que justifique la muerte de un ser humano inocente. Los peruanos de buena voluntad debemos estar atentos a evitar cualquier atentado contra la vida, también contra la de de quienes no han nacido y no tienen posibilidades de defenderse.
(*) Dr. Alberto Peña
Médico Pediatra, Policlínico Universitario,
Universidad de Piura
Artículo publicado en el suplemento Semana del Diario El Tiempo, Piura 25 de marzo de 2007.
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