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Paternidad, conyugalidad y familia

Por: Dr. Paul Corcuera (*)

Con ocasión del Día de la Familia en el Perú, he creído oportuno compartir con ustedes algunos alcances en relación a la paternidad -paternitas-, haciendo confluir el conocimiento especulativo sobre estos asuntos con los aprendizajes que provee la belleza de lo ordinario en el matrimonio, sus usanzas, luchas, conductas y rutinas. Por lo primero, debemos mucho al maestro y amigo, Pedro Juan Viladrich, asesor y gestor del Instituto de Ciencias para la Familia (ICF) de la Universidad de Piura.

Para quienes pudieran sorprenderse de la participación de la Universidad en este afán, diré que es propio de la actividad universitaria hacer una reflexión de fondo de las cuestiones que más atañen a la felicidad del hombre, de la que el amor humano es un aspecto de indiscutida relevancia. Cómo no será éste un tema importante, que ya San Juan de la Cruz nos recordaba que al atardecer de nuestras vidas, de lo único que nos van a examinar, es de amor; por tanto, de nuestra calidad como amadores.

Muy probablemente, uno de los mayores lastres que la denominada post-modernidad viene dejando a su paso es la dolorosa e inexplicable vivencia de tantos niños y jóvenes que asocian su procedencia filial a la ausencia de unión, de desamor conyugal o de amor ante la disociación imperante entre sexualidad y maternidad/paternidad. Las generaciones venideras reciben el trillado mensaje de que la unión matrimonial 'no vale la pena' o que es 'una dura y demasiado exigente apuesta de vida'. Con esa deformación a cuestas muy difícilmente acertarán a aproximarse a la verdad del ser en cuanto padre o madre.

Mirar la paternidad como una dimensión del ser varón comporta el fomento de un encuentro complementario con una mujer, no puede pretenderse al margen de ella sin que se afecte en el logro de su máximo desarrollo humano. La responsabilidad de un adecuado ejercicio de la función de esposo y padre empieza por un verdadero reconocimiento de la insondable naturaleza de la mujer, de tal suerte que a decir de Viladrich, si ese amor es injusto, no es verdadero. Las principales formas de injusticia del amor masculino suelen estar vinculadas a la falsedad (estimación de la mujer como objeto de placer sexual y delimitación de su ejercicio humano al ámbito de lo doméstico), la codicia (apropiación irrestricta de la mujer en dimensiones no conyugables, mirando al matrimonio como un medio de dominio ilimitado) y a la violencia (imposición de la fuerza sobre la razón para fines egoístas). El resultado de todo esto dará lugar a la negación de ella y/o de él a darse como don al otro; la lista de reivindicaciones surge intempestivamente como una forma de respuesta que se robustece y perjudica la naturaleza alturada prevista para la vida matrimonial y el perfeccionamiento de los cónyuges y de los hijos.

El varón que tenga por objetivo profundizar en el sentido de su condición de esposo -y padre- será especialmente sensible a diversas formas que en el día a día hieren a la mujer que eligió de entre todas las de su especie para amar bien y humanizarse en común. Si este escueto análisis ha favorecido su reflexión sobre la necesidad de arremeter en el esfuerzo por disminuir esas pequeñas pero grandes anomalías, bien ha valido la pena. Aprender a vivir lo conyugable y familiar de cada día supone el ejercicio virtuoso por dotar de felicidad a los míos y además deleitarme con ello.

¿Cómo reparar las heridas o evitar que surjan en la propia experiencia esas anomalías que afectan al amor conyugal? Altas cuotas de desprendimiento y una lucha sin cuartel contra nuestro egoísmo son receta útil que puede asegurarnos una tarea sostenida y deportiva.

Como si todo esto fuera poco, faltaríamos a la verdad sin esta última acotación: la grandeza humana se muestra en todo su esplendor en el seno de la familia conyugal, ámbito donde varón y mujer, en virtud de su vocación matrimonial y el querer divino, se constituyen en procreadores -casi creadores- de la especie humana. Querámoslo o no, sólo por esos cauces, llegaremos al verdadero entendimiento de la paternidad, de la conyugalidad y de la familia.

(*) Director del Instituto de Ciencias para la Familia - Universidad de Piura.
Publicado el Domingo 11 de Septiembre en el "semana" del Diario El Tiempo.


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